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EL ORIGEN DE LOS MÉTODOS I

¡AVISO DE PAJA MENTAL! 

(Nivel 9a+)

 
  • Recomendable leer en un ambiente que asegure la concentración.
  • Mezclar con el uso de sustancias psicoactivas bajo responsabilidad propia.
  • En caso de síntomas de extrañeza, desorientación, indiferencia, incredulidad, náuseas, vergüenza ajena o similares, abandonar la lectura inmediatamente y cambiar a estímulos mentales más ligeros como El Hormiguero o la Liga de Fútbol.
  • Si logra una experiencia no reproducible con emoticonos, no dude en dejar un comentario.

                   
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LA TESIS

La ciencia del deporte, en su búsqueda de la maximización del rendimiento, ha encontrado útil fundamentarse en la perspectiva física-técnica-mental. Existen, en cambio, otras cuestiones importantes, inherentes a cada disciplina deportiva, que se vislumbran de manera difusa o directamente no son visibles desde este punto de vista.
Tomemos, por ejemplo, la escalada y la gimnasia deportiva. Uno podría emparentarlas a tenor de las cualidades físicas, técnicas y mentales que sus respectivos movimientos requieren. Pero esos mismos movimientos resultan poseer, también, características radicalmente diferentes si se miran a través de otro prisma. Una de estas características diferenciadoras es la finalidad. Así, mientras que en gimnasia el movimiento es un fin en sí mismo (que se somete a un juicio estético y a otro de dificultad), en escalada el movimiento es un medio, para superar un fin. El fin aquí es un obstáculo al que se suele denominar paso o sección. Varios de estos obstáculos, en realidad. Esta característica, que emerge en la nueva visión, es de suma importancia porque lo que motiva el movimiento, su finalidad u objetivo, va a determinar la manera en la que surgen, se ejecutan y evolucionan los métodos o estilos en cada disciplina.
 
 
La palabra usada “obstáculo" no es, en realidad, la que suele emplearse en un contexto de escalada. Sí parece, en cambio, más adecuada para otras actividades, como los saltos (altura, pértiga…), algunas carreras (vallas, slalom…), etc…
El propio lenguaje nos da muchas pistas sobre cómo entendemos la realidad, muchas veces de forma inconsciente. ¿Qué diferencia hay entonces entre la escalada y estos otros deportes para los que sí parece más apropiada la palabra obstáculo? La complejidad del mismo (del obstáculo). Y hay que hilar muy fino con esta palabra. Complejidad no desde el punto de vista de la dificultad que entraña superarlo sino desde el punto de vista estructural (arquitectónico, si se quiere).
Pongamos un ejemplo: dos palos verticales sujetando otro, colocado de manera horizontal, para el salto de altura, es un obstáculo estructuralmente simple. En cambio, su dificultad dependerá de lo alto que esté el palo horizontal. Harán falta algo más que tres rayas rectas para representar la información completa que posee la estructura de un trozo de roca, o incluso del rocódromo (indiscutiblemente más simple que la anterior).
[Nota: Se intuye además, en este ejemplo, algo que desarrollaremos más adelante y que parece relacionar lo natural con la complejidad, en contraposición a lo artificial y la simpleza. Y es que no será fácil para el hombre emular dicho grado de complejidad.]
 
Haciendo un pequeño inciso: los matemáticos nos dicen que mientras hay ecuaciones que admiten una solución única, algunas admiten varias y otras, simplemente, no tienen solución. (Dentro de este último grupo existen algunas para las que todavía se pueden encontrar soluciones si se amplía el dominio de búsqueda. Un nuevo rango de números se puede definir y encontrar allí la solución buscada)

 
Retomando el asunto. A los obstáculos simples les sucede como a las ecuaciones que sólo admiten una solución. Por ejemplo, la solución en el salto de altura es ahora el estilo Fosbury, aproximarse al listón describiendo una curva y saltar de espaldas a él. Nadie intenta ya superar el obstáculo de manera distinta. Cuando la disciplina era más joven y el listón estaba más abajo, el salto todavía admitía varias soluciones. Aún no se había encontrado la óptima, esto es, la más eficiente energéticamente. El paso del tiempo y las “casualidades” desembocaron en el archiconocido método, de igual manera que los ríos buscan su camino de “menor resistencia” hacia el mar, dejando meandros abandonados como testimonio de su evolución.
Es también interesante observar cómo hay veces en las que el hombre no se puede resistir a alterar la propia evolución, marcándole por dónde puede y por dónde no puede ir. Véase, por ejemplo, el caso en el que le denegaron el ‘método pastor’ nada menos que a un vasco.
En gran cantidad de ocasiones, sobretodo en los deportes clásicos, se fuerza la solución única. En algunos casos, esto ha llevado a tomar la decisión de subdividir la disciplina. Como en la natación, por ejemplo, donde aparece el estilo libre frente al resto.
 
La complejidad es sinónimo de riqueza. En este caso, riqueza de soluciones. Es razonable pensar que cuanto más complejo sea el obstáculo, más opciones habrá de probarlo y, por tanto, más soluciones potenciales tendrá. De este modo, la complejidad aumentará la libertad de elección. Tendremos la capacidad de escoger la solución que más nos interese, siempre y cuando la normativa no nos imponga restricciones (cosa que no ocurre en escalada).


A todo esto, añádasele la inevitable variabilidad (tanto en el movimiento como en la genética), y ya tenemos la materia prima necesaria para la evolución por selección natural. La evolución de los métodos, de manera análoga a la de las especies de Darwin.


Volviendo al asunto del lenguaje, en particular a la metáfora de las ecuaciones. En escalada se llaman métodos a las soluciones de las ecuaciones, y repertorio (gestual) al dominio de búsqueda de esas soluciones. Se habla aquí de soluciones encontradas de manera genérica por el conjunto de escaladores, no para uno en particular. Es decir, soluciones para una secuencia, no soluciones para un escalador. Un dominio (repertorio) amplio de búsqueda potencialmente nos permitirá encontrar más soluciones (métodos). Y no es casual que a un obstáculo complejo se le denomine problema (boulder problem), el cual no “se supera” sino que “se resuelve” o “se entiende” (lo de superar queda ya para épocas pasadas).
 
Si extrapolamos el asunto a varias incógnitas, las vías o bloques completos podrían considerarse como sistemas de ecuaciones, con varias ecuaciones a resolver de manera no independiente. No nos vale resolver el primer bloque o paso de cualquier manera (con cualquier método) si también queremos resolver el segundo dentro del mismo intento…

 
Así de ambiciosamente comenzaba Darwin Caicedo la exposición de su tesis doctoral.


 

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Su nombre, Darwin, bien parecía un presagio de lo que su vida iba a depararle. Aunque fuese de rebote. La realidad suele ser más prosaica y semejante bautizo, tristemente, se debía a un simple jugador de fútbol en vez de al célebre biólogo que lo inspiraría en sus estudios. Darwin “la metralla” Caicedo era el jugador favorito de su padre, el cual aprovechó la coincidencia de apellidos para “homenajear” al delantero. La mala suerte quiso que el pequeño Darwin (pequeño de edad; también de altura, aunque eso era más normal en su país) tuviera un leve problema de tartamudez en sus años de educación básica y el dichoso homenaje se le volviera en contra, teniendo que sufrir el apodo de “el metralleta” durante años. Quizás por eso nunca habló bien del fútbol…

Caicedo era ecuatoriano y había decidido estudiar Biología del Movimiento durante su último año de instituto. Él siempre había querido ser físico y estudiar los misterios del universo pero ese último año había tenido una intensa actividad social. Le cogió gusto a lo que en Ecuador se conoce como cancaneo y probablemente fue esto lo que le haría cambiar de opinión. Conoció mucha gente nueva e interesante y comenzó a intuir algunos de los secretos de las relaciones con las personas. Había una cosa que le fascinaba especialmente y ésa era la comunicación no verbal. Se maravillaba al descubrir la gran cantidad de información que se transmitía más allá de las palabras. Los gestos, las expresiones faciales, las posturas… todo eso eran tipos de movimientos, muchos de ellos inconscientes, y eran capaces de completar y matizar lo que la persona decía, o incluso contradecirlo. Pero esta fuente adicional de información venía, a veces, muy encriptada y requería de habilidades perceptivas especiales, que permitieran interpretarla con cierto grado de confianza. No obstante, si se tuviera la capacidad de dominar esto, sería como ver a través de las personas todo el complejo espectro de su personalidad.

En cualquier caso, se abría ante él un campo por el que emanaba una curiosidad genuina y decidió que dejaría los conocimientos de física a un nivel divulgativo. La Biología del Movimiento era una rama de la Biología bastante moderna y acababa de ser implantada, a modo de prueba, en la Universidad de Guayaquil. Como en la Biología propiamente dicha, se dedicaba a estudiar el origen, la evolución y las propiedades, pero en este caso, no de los seres vivos en sí, sino de sus movimientos. Desde los movimientos más simples y cotidianos a los más extremos que se requieren el deporte, desde los más intencionados a toda la gama de movimientos involuntarios que salen de las mismas entrañas del subconsciente.


En su trayecto a la Facultad, pasaba al lado de un pequeño rocódromo en el que siempre solía haber gente trepando. A veces, se quedaba un rato mirando pues le impresionaba ver la variedad de movimientos que eran capaces de realizar los escaladores. En poco tiempo, ya era capaz de apreciar la relación entre el nivel y la calidad de los movimientos, también conceptos como fuerza y eficiencia. Le parecía claro que había una alta complejidad en los movimientos de este deporte, sobretodo en comparación con otros deportes clásicos como el atletismo o el ciclismo. Le resultaba más semejante a las artes marciales.
 
Un día, por fin, se decidió a probar y, como le pasa a mucha gente, se quedó automáticamente enganchado. Sin duda, era mucho mejor experimentar directamente los movimientos que observarlos. Mucha de la información del propio movimiento sólo era cognoscible a través de la propiocepción y no de los sentidos ordinarios.


En el tercer año de carrera, Caicedo decidió que se doctoraría y ya vislumbraba el contenido de su tesis. La escalada le apasionaba y comprendía que tenía mucha profundidad en lo que a movimientos se refiere. “Aquí hay mucha mandanga”, solía decir. Intuía que sus áreas locales de escalada requerían, en realidad, técnicas muy específicas. Los dos siguientes veranos visitó zonas próximas, hasta donde su modesto salario le permitía. Colombia, Perú, Brasil... Viajaba y dormía en un coche viejo que le había comprado a su compañero de piso.
Estos viajes no hicieron sino aumentar su pasión por el deporte. Se estaba convirtiendo en su modo de vida. Le encantaba oír las historias que le contaban sobre las mecas de la escalada, esas rocas que ofrecían presas de ensueño y todas las hazañas que conseguían los escaladores más fuertes en sus rápidas visitas. En su imaginativa mente se transformaban en historias mitológicas. Recordaba cada detalle de lo que le contaban y lo almacenaba en  la memoria como si, más adelante, en algún momento, tuviera que volver para echar mano de él.
Comprender cómo y por qué funcionaba el cuerpo en este deporte le fascinaba. Su curiosidad se había convertido en una enfermedad, un gusano interior al que había que alimentar constantemente por su tremendo apetito. Un apetito que no se iba a saciar nunca.

De este modo, cuando se licenció (con excelentes notas, por cierto) decidió que era el momento de salir a comprobar por sí mismo todo lo que le habían contado. Inició así un periplo, que acabaría extendiéndose por un año y medio, y en el que se inspiraría para escribir su brillante tesis, que más tarde ampliaría y se convertiría en uno de los trabajos más citados en su campo. La llamó, con una clara intencionalidad, “Del origen de los métodos en escalada y su evolución por medio de la selección natural”.

Si una decisión tenía clara, ésta era la de su primer destino. Había leído y oído tanto sobre Rodellar
 
 



CONTINUARÁ...

Comentarios

Pablo Castro ha dicho que…
Brutal. Da gusto leer estos post. Tienen una chispa y una originalidad que es totalmente diferente a lo que se lee por la red. Enhorabuena por tanto. Hace tiempo que dejé las sustancias psicoactivas pero, ciertamente, la sinergia merecería la pena
Chambo ha dicho que…
Jjaja, no quisiera yo fomentar el uso de sustancias prohibidas