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SOBRE EL EQUIPAMIENTO. Un pequeño preámbulo

Se puede afirmar que la escalada deportiva se realiza sobre un tramo de roca adaptado por el hombre. Hay que ser honestos, la roca debe sufrir una alteración para permitir su escalada (como mínimo los anclajes). En bloque, aunque también se exigen algunas alteraciones, esto no ocurre siempre y éstas son, por lo general, mucho menores que en deportiva.
 
La parte buena es que, de momento, esta necesaria adaptación es individualizada para cada ruta. No se hace en serie. Hay un trabajo artesanal. No hay un estándar que diga a qué altura debe ir cada chapa. Aunque el exceso de éstas, utilizando la falsa bandera de la seguridad, sea algo equivalente y más parecido al trabajo industrial.  En la artesanía hay MAESTROS, en la industria hay ingenieros (entiéndase adónde se quiere llegar). Gracias a los que todavía trabajan en la artesanía, podemos hablar de una cualidad que debiera ser esencial  en toda vía, y  a la que convenientemente llamaré PERSONALIDAD (entre otras cosas porque será íntegramente determinada por una persona, como bien me señaló mi amigo Seta). Esto la sitúa frente a otras cualidades, que podrían denominarse intrínsecas, como el tipo, la estructura o la calidad de la roca, sobre las que el hombre no tiene influencia alguna, por el momento...
[Inciso: existen ciertas cualidades híbridas, que aunque emergen de manera natural, pueden ser modificadas, y entre las que destaca, ¡oh Dios!, la dificultad]

Sin entrar más a fondo en la definición, ya podríamos entender que no tendría mucho sentido hablar de la personalidad de un bloque, pues apenas presenta intervención humana (salvo unas pocas excepciones). Mucho menos pensar en la personalidad de una pista de atletismo, una canasta o un campo de fúrgol, aunque todas estas hayan sido construidas por el hombre.
 
Como hemos dejado ya entrever, esta personalidad constituirá una parte muy importante del total de cualidades que posea una vía, todas las cuales determinarán la experiencia final que obtengamos en ella. Así pues, podemos estar de acuerdo en que el EQUIPADOR de una vía, como artífice de su personalidad,  es en gran parte responsable de la experiencia que obtengamos al escalarla. Sea esto para bien o para mal. 

Dentro de esta experiencia (a varios niveles) que nos proporciona cada vía, entre otras cosas debería uno saber apreciar su parte ESTÉTICA. Discernir, por ejemplo, cuánto de artístico o de comercial tiene un equipamiento determinado. Reconocer qué sensaciones quiso el equipador que provocara su escalada. Diferenciar una ruta exigente de una mal equipada. Advertir un equipamiento burocrático y carente de emociones. Cada nivel de dificultad permitirá al artesano tomarse mayores libertades y brindar así nuevos gozos al escalador.

Desde este punto de vista, el equipador debiera ser una figura tanto o más relevante que el escalador profesional y, sin embargo, aún no he oído hablar de que tengan patrocinadores, les den premios en Arco o tengan miles de followers en Instagram. De momento sólo las gracias, que tampoco está nada mal.
 
Por otro lado, toda acción humana (consciente y libre) es susceptible de ser juzgada según lo acertada o equivocada que esté (y para juzgar siempre hay followers), lo que nos deposita sobre el pantanoso terreno de la ÉTICA
 
Deberá tomar el equipador dos tipos de decisiones que determinarán la personalidad de la vía: acerca de la posición de los seguros y acerca de la manipulación de los agarres (manipulación en el sentido más amplio). Y es en la segunda donde aparece nuestro elefante en la habitación.

No se puede negar, a estas alturas, la gran cantidad de vías manipuladas que hay en este país (inclúyase Cataluña en caso de duda). Una gran parte (por no decir la mayoría) de las de grado medio para arriba tienen algún agarre manipulado de una forma u otra (ya sea alteración, refuerzo, creación de la nada o destrucción). Es, por tanto, absurdo seguir con tanto secretismo y evitar hablar pública y abiertamente del tema. Hay que estudiar los motivos que llevan a los equipadores a la manipulación en cada caso. La hay de muchos tipos e intensidades. Esto no pretende ser una apología de ésta, como tampoco se concibe aquí la sobre-simplificación del asunto a la afirmación de que toda manipulación es mala (ni a la de que dejar la roca natural es siempre lo mejor).  El asunto es delicado y complejo y, por ello, admite muchos matices y discusión. Debieran buscarse consensos; ejemplos de ética y escuelas de estética. Hay que escuchar a los equipadores.

Beto (de frente) y Seta (pie) equipando el mítico desplomaco de El corredor de la muerte
 
 
De estas cosas, de historia, de materiales que caducan, de la difusión de la información y de otras muchas más, hablaremos con dos Maestros Equipadores: Javier Arnaudas (Seta) y Alberto Nasarre (Beto) en el próximo capítulo...



Comentarios

Pablo Castro ha dicho que…
Jejeje. Discrepo un poco en el asunto de la personalidad de los bloques. Es cierto que el bloque está ahí y no precisa intervenirlo con seguros, etc (sí que se han modificado o sikado/reforzado cosillas a veces). Pero el proceso de descubrilo, cepillarlo y descifrarlo de forma que quede lógico y estético creo que es una labor muy personal del aperturista. De hecho hay auténticos artesanos en ello y realmente marcan diferencias claras con gente con menos mano.
Pero sí... si pensamos en lo que es puramente alterar la roca es cierto que estamos ahi...

Saludos
Chambo ha dicho que…
Seguro que hay artesanía también, por ejemplo cuando hay que adecentar los pies de bloque para las caídas. Aunque para mí lo que define un buen aperturista de bloques es la visión. No me parece que influyan tanto en la estética.
Ya tenía yo ganas de discrepancias, de todas formas, jajaj